miércoles, 2 de enero de 2013

Virtudes éticas y dianoéticas.

"También la virtud se divide de acuerdo con esta diferencia, pues decimos que unas son dianoéticas y otros éticas, y, así, la sabiduría, la inteligencia y la prudencia son dianoéticas, mientras que la liberalidad y la moderación son éticas. De este modo, cuando hablamos del carácter de un hombre, no decimos que es sabio o inteligente, sino que es manso o moderado; y también elogiamos al sabio por su modo de ser y llamamos virtuosos a los modos de ser elogiables."


Aristóteles.


martes, 1 de enero de 2013

Axioma.

La buena voluntad no es buena por lo que efectúe o realice, no es buena por su adecuación para alcanzar algún fin que nos hayamos propuesto; es buena sólo por el querer, es decir, es buena en sí misma. Considerada por sí misma, es, sin comparación, muchísimo más valiosa que todo lo que por medio de ella pudiéramos verificar en provecho o gracia de alguna inclinación y, si se quiere, de la suma de todas las inclinaciones. Aun cuando, por particulares enconos del azar o por la mezquindad de una naturaleza madrastra, le faltase por completo a esa voluntad la facultad de sacar adelante su propósito; si, a pesar de sus mayores esfuerzos, no pudiera llevar a cabo nada y sólo quedase la buena voluntad -no desde luego como un mero deseo, sino como el acopio de todos los medios que están en nuestro poder-, sería esa buena voluntad como una joya brillante por sí misma, como algo que en sí mismo posee su propio valor.

Kant, Fundamentación para una metafísica de las costumbres, cap. I.


                                                       

El término medio extremo.

Es, por tanto, la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente. Es un medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto, y también por no alcanzar en un caso, y sobrepasar, en otro, lo necesario en las pasiones y acciones, mientras que la virtud encuentra y elige el término medio. Por eso, de acuerdo con su entidad y con la definición que establece su esencia, virtud es un término medio, pero, con respecto a lo mejor y al bien, es un extremo.




Aristóteles, Ética a Nicómano, Libro II.

 

Buena voluntad.


Ni en el mundo, ni en general, tampoco fuera del mundo, es posible pensar nada que pueda considerarse como bueno sin restricción, a no ser tan sólo una buena voluntad.



Kant, Fundamentación para una metafísica de las costumbres, cap. I





















lunes, 31 de diciembre de 2012

Enlace.

https://javiercomellas.wordpress.com/2012/05/23/indicame-el-camino-o-por-que-son-los-filosofos-necesarios/



Kant.

     "Dos cosas llenan de admiración y respeto mi ánimo (...). El cielo estrellado sobre nosotros y la ley moral dentro de mí", con este epitafio escrito en su tumba Kant resume su pensamiento, intentemos pues comprenderlo todo lo a fondo que podamos. 
     Por una parte dice que siente admiración por el cielo estrellado sobre nosotros, se está refiriendo a la crítica de la razón pura; a la posibilidad de la ciencia y a la crítica de toda metafísica, por otra parte siente respeto por la ley moral que se encuentra dentro de él, se está refiriendo a la crítica de la razón práctica, a la justificación del hecho moral.
     Existen dos tipos de moral, una autónoma, que es formal y a priori, que emana de todos y cada uno de nosotros necesariamente que es la Ética y otra moral heterónoma, que es material, a posteriori, fruto de la experiencia, y que no es impuesta, es la moral religiosa o la moral del interés.
     Para comprender el hecho moral, Kant define dos tipos de imperativos, el primero es hipotético encaminado a la vida práctica y de naturaleza técnica y pragmática (consejos), el segundo es categórico dirigido a la vida moral, son necesarios, universales e inapelables.
     "El imperativo categórico es, pues, sólo uno y éste es:
      - Obra sólo según aquella máxima de la que al mismo tiempo puedas querer que se convierta en norma universal.
      - Obra de tal manera que trates siempre a la Humanidad, sea en tu persona o en la de otro, como un fin, y que no te sirvas jamás de ella como de un medio.
       M. Kant: Fundamento de la metafísica de las costumbres, página 58, Aguilar, 1973."
     Con este imperativo Kant responde a su pregunta ¿Qué debemos hacer?, los imperativos categóricos nos lo dictan la razón práctica que no es otra cosa que nuestra voluntad. La ética Kantiana es deontológica, se actúa por deber, en las éticas teleológicas se actúa para conseguir un fin.
     ¿Qué podemos saber?. La libertad es el motor que hace que nuestra razón pura se exprese en forma de imperativos categóricos que son leyes universales, esto quiere decir que los imperativos que nos dictamos nosotros mismos son leyes universales, ésto solo es posible aceptando como axiomas que somos libres e inmortales y que Dios existe, de esta forma se responde a su tercera pregunta ¿qué nos está permitido esperar?.
     También hay que destacar que son tres las acciones posibles en la conducta humana; las contrarias al deber, las conformes al deber y las hechas por deber, sólo estas últimas son el objeto de la moral. Una moral, por tanto, que se fija en la forma, en la intención del sujeto, no en el tipo de acción llevada a cabo.




















domingo, 30 de diciembre de 2012

Del fanatismo, de la tolerancia y de la comunicación.

(...) cuando hablamos de fanatismo pensamos siempre, por supuesto, en el fanatismo de los otros. Nosotros nunca somos fanáticos, lo que nos ocurre, si acaso, es que estamos seguros de nuestra verdad. Mas, ¿quién, en este mundo actual de inestabilidades, puede estar seguro de nada? ¿No ocurrirá que, en mayor o menor grado, todos los que creemos en algo, en la medida en que lo creemos, somos fanáticos? Habría entonces un fanatismo duro o propiamente dicho, el de quien trata de imponer su verdad-seguridad a los demás, y un fanatismo, llamémoslo así, subjetivo, el de quien reposaría tranquilo en su verdad, dejando a los otros que se las arreglen como puedan y resuelvan por sí mismos el problema del sentido de su existencia. Posición esta penetrada de indiferencia -indiferencia, en este caso, para con el prójimo-, indiferencia de la que luego hablaremos. Mas, ¿no es un mandato el de la propaganda fide, el de expandir la luz? Sí, pero portadores de luz somos, en potencia, todos. No sé si de la discusión, como suele decirse, pero desde luego sí de la comunicación intersubjetiva, dela intercomunicación, del diálogo, es de donde sale la luz.Comunicación es mucho más que tolerancia, tema asimismo del foro del presente año. La intercomunicación parte del supuesto de que yo puedo aportar algo a los otros, ciertamente, pero también ellos a mí. Por el contrario, de la tolerancia puede decirse que es la forma blanda del fanatismo: desde mi supuesta superioridad y, colectivamente, desde el poder, se concede la tolerancia de cultos; por ejemplo, se permiten las casas de tolerancia, como antes se las llamaba, se soporta o tolera lo que los otros hacen o dicen, pero simplemente como mal menor y manteniéndolos a raya, es decir, en tanto que no pongan en peligro el orden establecido. Joan Estruch mostraba en su ponencia el parentesco semántico etimológico entre el fanático, hombre del templo (fanum) de Dios, y el entusiasta o poseído de Dios.


JOSÉ LUIS LÓPEZ ARANGUREN 18 OCT 1984, El País.